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Mi experiencia con propósito: Respiración de Transformación

Mi experiencia con propósito: Respiración de Transformación

Viaja con Liliths Travel

Por años he vivido en la búsqueda de herramientas que me ofrezcan una vida menos depresiva y más libre de la nostalgia perenne que no me dejaba ver más allá de mis narices. 

Por años he entrado y salido de mis prácticas de yoga y meditación, que me han mantenido en un estado de constante curiosidad sobre el mundo, su funcionamiento, y mi lugar en toda esa intrínseca estructura…  Y por años, también, he seguido explorando opciones, otras terapias, religiones, ritos y rutas para la «iluminación», o al menos una buena estrategia para vivir en armonía conmigo y con otros.

En esa exploración me topé con la terapia psicológica tradicional, la alimentación sana, el Landmark Forum, los mantras, los krishnas, el yoga, la meditación tradicional, y otro largo etcétera, hasta terminar “perdida” por la tierra madre del Estudio del Ser: India. Esta cultura, dotada de una inimaginable abundancia de conocimiento y filosofía de vida, a través del Yoga Sutra me dio el regalo de la meditación Vipassana

Luego, en algún momento más a esta época, entre peregrinajes, caídas, muertes y renaceres, llegué a Bali. Fue en esa mágica isla que me topé finalmente con lo que adoptaría como mi vagón personal en el tren de la espiritualidad, como mi vara mágica de sanción: el «Breathwork« en la forma de «Respiración de Renacimiento«. 

Después de dos años de su introducción a mi vida, y de ver los cambios radicales que esta práctica ha traído a ella (desmarañando unos cuantos traumas que la conseguían hacer gris), me di cuenta del real poder de nuestra propia respiración y me encontré que estaba frente a un diamante que debía compartir.

Fue así como al fin di con la práctica que no sólo usaría para mi propio bien, sino que compartiría cual apóstol con todo el que se atreviera a respirar, pero a RESPIRAR DE VERDAD consciente y plenamente quizá por primera vez en su vida.

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Principios básicos de la meditación

Principios básicos de la meditación

Ileanna Simancas medita

La gente me pregunta con frecuencia qué es el yoga. ¿Es arte, ciencia, religión, deporte, filosofía? Mi respuesta es que el yoga, como me enseñó el maestro B.K.S Iyensar, no es ninguna de esas cosas en particular y al mismo tiempo es una combinación de todas: es el camino que lleva al ser humano del plano corporal hacia la realización del sí-mismo. Simple y sencillo, ¿no?

Meditación Vipassana y meditación Samatha

Vipassana se puede traducir como «entendimiento», un conocimiento consciente de lo que está pasando, en el momento en que sucede. Samatha puede traducirse como «concentración» o «tranquilidad». Es un estado en el cual se lleva la mente a un lugar de descanso, enfocándose únicamente en un elemento y no permitir que divague. Cuando esto se logra, un estado de calma se expande en el cuerpo y la mente, un estado de tranquilidad que sólo se puede entender cuando se ha experimentado.

La mayoría de los sistemas de meditación hacen énfasis en el componente Samatha. La persona que medita enfoca su mente hacia algún o algunos elementos como una oración, una caja, un canto, la llama de una vela, una imagen religiosa o algo similar, y excluye de su mente y de su estado consciente otros pensamientos y percepciones. El resultado es un estado de éxtasis que perdura hasta termina la sesión. Es hermoso, encantador, con mucho significado y seductor, pero solamente temporal. La meditación Vipassana aborda el otro componente, el entendimiento.

En la meditación Vipassana, quien medita utiliza su concentración como herramienta con la cual su estado de alerta puede romper la pared de ilusión que lo separa de la luz viviente de la realidad. Es un proceso gradual de conciencia en el funcionamiento interior de la realidad misma. Lleva años, pero un día, el meditador rompe esa pared y se enfrenta a la presencia de la luz. La transformación se completa. Se llama liberación y es permanente. La liberación es la meta de todos los sistemas budistas de práctica, pero las vías para conseguir ese fin son bastante diversas.

Cómo iniciarse en la meditación

Resulta fácil olvidar que la tranquilidad es esencial para poder funcionar correctamente, para no perder los estribos y para llevar una vida consciente y en agradecimiento. Una forma de poder alcanzar este estado de calma (que no es callar la mente, sino aprender a vivir de manera serena hasta en el ruido) es a través de la meditación y aquí te dejo unos tips para poder iniciarte en ella:

  1. Construye el hábito

Debes escoger un momento del día en que sepas en el que nada ni nadie te va a interrumpir y que pueda ser de preferencia todos los días para que te sea más fácil ser constante. Procura elegir ropa cómoda y, si es posible, un espacio físico que también te resulte cómodo tanto física como ambientalmente (los olores y sonidos te pueden ayudar o distraer).

  1. Elige el mejor momento para ti

Eso lo vas a decidir tú. Sin embargo, si eres nueva en la meditación, se recomienda que sea en un momento del día en que te encuentres activa, ya que si lo dejas para la noche, después de un día de trabajo, te puedes quedar dormida.   

  1. Ponte cómoda

Seguramente la posición icónica que te viene a la mente cuando se trata de meditación es la de flor de loto y esto es porque es así como se mantienen alineados los chacras. Si estás empezando, la posición más recomendable es sentarse en el suelo con la espalda recta (puede ser apoyada de la pared, pero no recostada) y las piernas estiradas, en caso de que te genere molestias cruzarlas. Si eso aún es muy difícil para ti prueba sentarte en una silla con la espalda recta y los pies en el piso. Si te acuestas te puedes dormir y esto se trata de estar cómoda pero presente.

  1. No te desesperes

Muchas veces se confunde la meditación con la relajación y, aunque sí se necesita estar relajada para meditar, es un proceso más profundo y complejo. Se requiere de práctica, paciencia y no forzarse, ya que como dicen por ahí: a fuerza, ¡ni los zapatos entran! Empieza por concentrarte en una vela, un vaso con agua o cerrando los ojos. Calmar la mente y alejar los pensamientos será lo más difícil, no te rindas, pero tampoco lo fuerces.

  1. Conoce tus necesidades

Es importante saber lo que te gusta y para eso puedes probar diferentes cosas. Tal vez te sea más fácil con música o, por el contrario, necesites de silencio absoluto. Quizás requieras estar quieta, completamente inmóvil, o a lo mejor te resulte más fácil hacer una meditación en movimiento. Tu cuerpo y tu mente te dirán lo que necesitas, pero te resultará mejor cuando hayas probado diferentes técnicas y sepas identificar lo que hace que te relajes más fácilmente.

¡Respira!

¡Es la clave de todo! Concentrarse en la respiración: inhalar, sostener, exhalar y liberar. Parece fácil, ¿no? Con intención, sin forzarlo, déjate fluir y permítete limpiar tu mente de preocupaciones. Comienza con 5 minutos y ve aumentando el tiempo.

Pero OJO, si bien la meditación puede ser una práctica extraordinaria no es sencilla ni se logra todas las veces, de hecho, requiere de mucha dedicación y repetición. No esperes que de un día para el otro lo consigas porque puedes frustrarte. Al final lo importante es aprender a controlar tu mente para que esta no te controle a ti.

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El amor no es una tarjeta de San Valentín

El amor no es una tarjeta de San Valentín

Valentines

«Ile, ¿cómo va a llegar San Valentín y no vas a mandar nada a tu Tribu?», me dice mi equipo.

“¡Puta madre! ¡Que en estos momentos no siento amor en mi corazón! Llevó tres noches con pesadillas, estoy agobiada, tengo la regla y no me hallo. ¿Se puede entender que uno no siente amor todos los días? Que no es como: ¡Hoy es San Valentín, siente amor y escribe al respecto! No. De hecho, ustedes ya saben que hasta mi Gurú me mandó a trabajar el chakra del corazón. ¿Será por eso? ¿Será porque el amor debería ser una corriente de energía que fluye sin importar el lugar, las circunstancias y el momento que vivas?

El amor… Aquí vamos

El amor es complicado, es el tema MÁS complicado de la vida, ¡y de donde nace toda la paz real que busca el mundo! Nunca entendí lo de Jesús y poner la otra mejilla, siempre lo sentí tan patético… ¡¿Quién carajo pone la otra mejilla?! Y entonces llegó mi mamá de visita…

Mi mamá, durante diez días, se ha parado todas las mañanas con un firme compromiso: “voy a amar a mi hija por sobre todas las cosas y voy a hacer que ella lo vea, lo sienta y hasta lo huela. No importa lo que diga o haga, yo la voy a amar y la voy a consentir y mimar porque es mi hija y me hace feliz hacerlo, cueste lo que cueste”. No, ella no me dijo que hacía esto que les cuento, pero es que tendré el corazón cerrado, pero no los ojos.

Al principio de su llegada solo la quería matar: todo me engrinchaba, toda su alegría desbocada por verme me era como fastidiosa. Después, sus intentos de ayuda me sonaban a crítica y bueno, yo qué sé, un montón de otras cosas de madre e hija (levante la mano quien se sienta identificada), hasta que de pronto pasaron dos milagros.

El primero, llamémoslo, reconocimiento del espejo

Miércoles. Yo hago eso mismito que me irrita de ella y que es lo que mi pareja dice que hago y que la enerva… Pues sí, así mismito, lo que mi mamá estaba haciendo que me volvía loca lo estoy haciendo yo. Después me fijé que no solo era eso sino que además, mientras chismeábamos de la familia, nos dimos cuenta de que todo lo que criticábamos de las mujeres de nuestro clan, nosotras lo hacíamos igualito. ¡Wow, hablemos aquí de Constelaciones Familiares! Y el efecto espejo seguía hasta en cosas que le criticaba a mi pareja que yo también estaba haciendo. ¡Por Dios, qué mareo!… Les dejo un ejemplo:

Yo: Jope, creo que me va a dar frío

Mamá: Yo te dije que iba a hacer frío, pero como no quieres escuchar

Yo: (¡Respiro!) Mamá, por qué me tienes que criticar y decirme que no te quise escuchar. La realidad es que cuando salimos no sabía que íbamos a tener que hacer cola en la calle, por lo que no iba a pasar frío, y ahora sí. Sí te escuché, simplemente las circunstancias cambiaron.

Mamá: Ah, perdón hija, no quise decir algo para herirte, entiendo.

Resultado: todas escuchadas, seguimos nuestra noche en armonía.

¿CÓMO HUBIESE IDO ESTO MISMO CON MI PAREJA, SIENDO YO LA QUE LE METE EL AJÍ PICANTE DE QUE NUNCA ME ESCUCHA?

Veamos…

Pareja: Voy a pasar frío

Yo: Te dije que trajeras la chaqueta, pero como nunca me escuchas…

Pareja: Ya vas a empezar con lo de que no te escucho

Yo: Bueno, es verdad. Me canso de decirte las cosas

Pareja: No soy tu bebé, no tienes que decirme qué hacer

Pareja y Yo: ¡¡¡lkadjoakhjfoaeihfodvnlkDN!!!

Resultado: intentando mostrar quién es el más fuerte, más inteligente, astuto, sabio y quién tiene la razón, y quién lleva el mando, y cómo tú estás mal y yo bien, terminaríamos de vuelta en casa agarrándonos por los pelos y un día después diciéndonos: ¡Te amo!

¡Te amo mis ovarios! Te amo lleva consigo el gran trabajo de amar a la persona TAL CUAL es, como mi madre me ama a mí, tal cual soy. Sin rendirse, sin irse, sin condenarme, renunciando a ganar, intentando escucharme así sea estúpido lo que digo, porque lo que importa es amar… Y así no más me di cuenta de que yo NO TENGO NI IDEA de cómo amar a nadie…

Luego me senté a meditar al respecto, a pensar si de verdad soy incapaz de hacer esto, y me di cuenta de que eso no es verdad del todo, he hecho muchos avances, y sí he aprendido a amar a alguien en estos últimos años: ¡he aprendido amarme a mí!

Segundo milagro: comprendiendo las reglas básicas del amor

Este sería mi decálogo para el amor resumido en 4 simples puntos:

  • Comprometerse siempre con el amor
  • Renunciar a siempre tener la razón
  • No querer cambiar al otro
  • Tomando 100% de responsabilidad cuando una situación incómoda se presenta

He aprendido quién soy de verdad y a honrar ese ser. He aprendido a respetar esos lugares brillantes y maravillosos, y esos oscuros y apocalípticos porque ambos son parte de mí. He trabajado en alimentar los de luz, y en llevarle luz a la sombra, pero sin avergonzarme más de ella. Con todo mi corazón puedo decir que yo me gusto y no entiendo cuando otros no lo hacen. Me tomó años, me tomó trabajo, me tomó invertir mucho dinero en cursos, viajes, psicólogos, rezos y plegarias. Me tomó observarme y, sobre todo, sentirme. Me costó apuntar el dedo hacia mí una y otra vez. Me tomó respiración, ayahuasca, hongos, meditación, yoga, Ganges, Bali, lágrimas… Me tomó Dios y su ayuda, pero (aunque a veces me sienta insegura o perdida por las circunstancias de la vida) yo me siento bien con quien soy, hasta cuando la cago terriblemente. ¡Eso, señores, es un GRAN PASO al amor!

Ahora estoy incomoda porque me mandan de vuelta a unirme al mundanal ruido… porque es allí donde puedes aprender realmente a amar en el extenso sentido de la palabra. Una vez que te conoces, aceptas y respetas a ti, toca aprender a hacerlo con otros. Y sí, esto es aún más difícil. En la cueva y en el silencio aprendes mucho de ti, pero es solo en el contacto con los otros que aprendes tu capacidad de tener amor, compasión y humildad ante las verdades del resto del mundo que te rodea.

Hoy, San Valentín, voy a celebrar que sí aprendí un tipo de amor

 …Ahora puedo ver que no estoy tan perdida como me sentía al comenzar a escribir este mensaje. ¡Y que todos estos años me dieron un gran regalo: conciencia! Solo puedes ser consiente del mundo cuando eres consciente de ti.

Así que hoy, y cada uno de los días que han de venir, celebra el amor que de verdad te hace crecer y te empuja a esos lugares incómodos. Celebra también el amor incondicional, sin victimismo ni victimarios si tienes la suerte de conocerlo, como el de mi mamá, y celebra el amor al que todavía no sabes cómo llegar a él, pero sabes que existe.

Recuerda: la vida de verdad no es Instagram, en la vida de verdad aquellos que parecen ser la pareja perfecta quizá no sepan hoy “si besarse en la cara o en los labios”…

Ámate, tente paciencia, compasión y empatiza contigo misma… ¡Y luego aprende a darle eso al mundo!

Buena suerte y Feliz día de San Valentín,

Ile

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¿Y te preguntas por qué vivimos en guerra?

¿Y te preguntas por qué vivimos en guerra?

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Me levanto en la mañana y leo. Leo al que piensa que la mujer independiente es esto o lo otro; que la dependiente tiene mucho que trabajar. Leo que el hombre que busca mujeres dependientes es un imbécil, y si busca mujeres independientes realmente lo que quiere es domarla.

Sigo leyendo…

Leo que la leche de almendras mata a las abejas, que hay que ser vegano para salvar el mundo, que hay que comer solo carne para preservar la salud, que hay que comer cada 3 horas, que hay que dejar de comer.

Leo que Italia necesita repoblar regiones por falta de nuevas generaciones, y leo que hay que dejar de reproducirnos sin control. Leo que estar soltero es la clave de la felicidad y a la vez que los casados duran más años vivos. Que la comunidad LGBT somos engendros del señor, y otros que opinan que, por el contrario, somos gente “elegida”. También leo que, según los LGBT, los hetero son todos unos hijos de madre, mientras luchan porque se nos respete… “No hagas lo que no te gustan que te hagan”, dice el dicho.

Leo gente diciendo que no saben por qué lloramos tanto porque los soldados se vayan a la guerra, mientras fotos invaden nuestra conciencia con familias que serán separadas una vez más en la historia de USA por razones que no son para lo que la mayoría se enlistó. Leo que gente ama y otra odia a la misma persona por las mismas razones. Leo de fuegos que destrozan y matan y gente que lo argumenta con que “Cristo viene y viene arrecho»… (Arrecho: sépase como expresión venezolana, sinónimo de molesto, bravo, encabronado, etc.).

Veo una serie de las que todos hablan, y que gana muchos premios, y a mí me parece horrorosa. Voy al cine y la misma película a mí me hace llorar, pensar, reír y al de al lado lo aburre, y para uno el otro no tiene corazón y para el otro no tiene mente.

Leo que no ser monógamo es para gente con otro “nivel de conciencia” y serlo es para gente con “principios”, ¡cada quien poniéndose en un pedestal por ser el más chingón! Leo que Cristo (o cualquier otro nombre que lleve según el lugar y la cultura) ama a todos menos a: Xs… ¡lista larga! Leo que los que piensan eso realmente no entienden la palabra, pero todos creen que la entienden mejor que el otro.

Leo de murallas construidas y no querer ser erguidas, mientras ambos lados hablan mal uno del otro porque ¡tienen culturas opuestas! Leo que la mujer debe ser libre de elección mientras elija lo que a mí y a mi cultura nos parece lo correcto… Mientras que si elige lo que quiere su cultura es solo porque está reprimida…

¿Y te preguntas por qué vivimos en guerra?

Nuestra verdad no es la única

No sé tú, pero yo insisto en que necesitamos empezar a entender que nuestra verdad no es la única, que no hay un solo camino. Necesitamos ver que la misma respuesta no nos sirve a todos como el mismo tipo de educación no es acertada para todos los niños. Que por algo hay leyes generales de convivencia que están desde que el mundo es mundo.

En el catolicismo se llaman los 10 mandamientos, pero tienen su versión en todas las religiones del mundo. Creo que podemos estar de acuerdo en que si todos siguiéramos estas pequeñas reglas básicas de comportamiento estaríamos un tanto más en paz, ¿no?

1- Amarás a Dios (que está dentro de ti, así que un poco de amor a él te daría mucho más amor propio).

2- No tomarás el nombre de Dios en vano (no harás barrabasadas en su nombre, o siempre podemos seguir derramando sangre diciendo que en la Biblia/Corán/la Torá dicen que “yo tengo razón y tú no”).

3- Dejarás la pachanga (llámese vida impura: drogas de todo tipo, abusos y extremos de toda índole, cosas que te anulan y te transforman en algo que no eres. Si no me crees, camina un ratito por las calles de LA para que veas que los abusos joden).

4- No matarás (tácito… y sí, también entran aquí animales y plantas, y esto será una discusión eterna en la que no me voy a meter).

5- No robarás.

6- No envidiarás (la verdad es que si lleváramos acabo solo este generalmente arreglaríamos la mitad de los problemas).

7- No pensarás cosas malas y feas (y pues este más, porque todo comienza con un pensamiento).
8- No mentirás (otro con líneas grises… “¿y las mentiras piadosas?”… ¿o debo decirle a mi amiga que el marido le está poniendo los cuernos y joderle la vida para yo no mentir?…).

9- Honrarás a tus padres (tácito, aunque creas que no se lo merecen, si piensas siempre cómo hacerlos sentirse orgullosos quizá tomemos algunas mejores decisiones; además, si logras verlos como seres humanos será tu primer logro de entender otros por lo que son y no por tus carencias).

No cometerás actos impuros (de nuevo, si hacemos solo esta pues ya está, nos ahorramos el resto… excepto que aparentemente actos impuros varían de persona a persona, así que por eso están las otras).

Como campaña pro LGBT nada dice aquí de: no tendrás sexo con personas de tu mismo sexo, y mira que la época en la que esto se escribió la bisexualidad era bastante abierta.

En fin, mi punto es: haz bien sin mirar a quien. Ocúpate de tu jardín y no del jardín del vecino. Entiende que cada quien tiene su razón, por lo que toca aprender a dialogar y aceptar las opiniones ajenas sin entrar en guerra para convertir al otro… Y sí, ya sé que entramos en arenas movedizas…

No son ni las 10am, necesito café. 

Más respeto, menos ego…

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Y tú, ¿te atreves a soñar?

¿Sabían que se me conoce como alguien que quiere hacer muchas cosas (culo inquieto, que llaman en mi país)? Esa cualidad no es nada especial, pues la mayoría de nosotras estamos llenas de sueños. La diferencia, según mis amigas, es que yo no solo quiero hacer mil cosas, yo ¡las hago!

Aquí mi lista de sueños:

Quiero vivir fuera de mi país: ¡listo!

Quiero ir a India: ya salen de una mano la cuenta de cuántas veces lo he hecho.

Quiero tener familia: lo he intentado innumerables veces y sigo no dándome por vencida.

Quiero actuar, dirigir, producir: done, done, done.

Quiero vivir en LA, quiero salir corriendo de LA: ¡ambas listo!

Quiero vivir en España: ¡hecho!

Quiero ir a Bali: no solo fui sino que ¡vivo!

Quiero tener un negocio propio que aporte a la mujer y me haga feliz: aquí estoy trabajando como hormiga para que siga creciendo.

Quiero conseguir mi maestro: he conseguido muchos en el camino, hasta aquellos que ni saben que lo son.

Quiero ganarme un Oscar: ummm, esa se está haciendo difícil, pero mientras hay vida hay esperanzas.

Quiero publicar un libro… ¡Está en camino el primero!

Quiero ir a una escuela militar: bueno, llegué hasta US Army Boot Camp (lo suficientemente cerca para saber que mejor en las películas).

Quiero tener un título universitario: y así, después de grande, se hizo.

Quiero hacer el Camino de Santiago entero… A ver, no fue entero, pero hice lo suficiente para saber que quizá no necesitaba 800 kilómetros. A veces lo importante es intentarlo no ganarlo.

Quiero ser actriz de Almodóvar y escribir con él… ¡Ayyyy! ¡Tan lejos pero tan cerca! 
Quiero hacer teatro en España: no sólo lo hice sino lo escribí, lo produje, lo actúe y lo sudé… Como nadie me lo daba por el acento, por los papeles, por la chingada, pues ¡yo me lo di!

Quiero tener un centro de retiros: este ha ido variando con los años de posada, a B&B, a centro… ¡pero sigue en la lista!

Quiero poner el microteatro en LA… Pues… no fue permanente, pero se hizo.

Quiero dedicar mi vida al crecimiento personal: hoy día al dedicarla a ayudar a otros logré dedicar mi mundo a ayudarme a mí.

Y así la lista de pequeños y grandes sueños sería muy larga si aquí sigo.

Los sueños no se cumplen, se trabajan

¿Cuál es la diferencia entonces, preguntan algunos? ¿Acaso eres millonaria, que puedes vivir la vida que llevas?… Esa suele ser la conclusión de la mayoría. No, ni siquiera cerca de serlo, se cree que la fama se iguala a dinero, pero les aseguro que no siempre es así.

Yo no soy diferente a ti, no tengo un don especial, ni siquiera tengo gran inteligencia o talento, ni dinero y por eso me puedo dar el “lujo” de soñar y hacer. He estado casada, pobre, holgada, divorciada, deprimida, perdida, encontrada, feliz, confundida, aburrida, presa y libre, he estado a punto de quietarme la vida (literalmente) solo para darme cuenta cuanto la quería. ¡He estado hasta los huevos de todo e impresionada de en lo que luego se tornó mi existencia! No soy diferente a ti, soy una más ¡como tú!

Lo único en lo que quizá diferimos, y por lo que hoy estoy aquí recordándote que tú y yo somos lo mismo, es que mis sueños siempre han tomado prioridad antes que los de los demás (aunque a veces tome algo de tiempo para que me vuelva la razón), llámense padres, sociedad, esposos, novias, parejas, jefes o quien sea… Nunca le he temido en realidad a la mal entendida palabra “egoísmo” porque si yo no me cuido y me importo, nadie lo hará por mí.

Mi realidad es que sin soñar muero y sin luchar por lo que sueño la vida no tiene sentido. Yo no nací (ni tú tampoco) para ser un robot o ir como zombi por este privilegio de momento que me han otorgado, habitar un cuerpo humano, hay miles de almas esperando para volver, pero imagínate, ¡tuve la suerte de que me tocará a mí como para desperdiciarlo!

Yo me caigo, pero no me doy por vencida. Yo me encierro y luego busco la llave. Yo no espero que me rescaten, puedo ser mi propio escuadrón Swat. Yo no escucho un no como respuesta hasta que no venga de mi propia voz: “Ile, quizá eso no es para ti hoy, suelta y deja ver qué pasa”. Nunca dejo el: “estás loca, tú no puedes” de otros dictar mi camino, por eso hoy te puedo decir que, si yo puedo, que no tengo ningún dote o regalo especial, ¡TU TAMBIÉN PUEDES!

Pero el poder toma trabajo

…Toma determinación, toma una necesidad infinita de vivir, toma dejar que el miedo esté allí y hacerlo con miedo, toma hacerlo, aunque no lo creas posible, toma intentarlo mil veces si es necesario, toma hacerlo diferente después de aprender lecciones, toma lucharlo hasta que salga. Y si aún sigue siendo un sueño, toca lucharlo.

Yo no sé si les sirva a todos por igual (aunque después de 46 viajeras obteniendo resultados similares puedo empezar a afirma que sí), pero ha sido en el viaje con propósito que, cada vez que creo que yo no puedo, he conseguido conectar con esa voz que me dice «¡claro que sí!». Por eso creé Lilith’s Travel, para compartir esa terapia que me ha servido a mí a seguir adelante cuando pienso que ya no puedo más.

Esta es una nueva década, una nueva oportunidad de intentarlo de nuevo, pero hacerlo diferente. Una etapa donde tú, la mujer con deseos y necesidades es tan importante como las necesidades de su familia, de su trabajo, de sus amigos, de su comunidad.

Un ser que está contento consigo mismo es una persona que tiene mucho para dar, uno que solo vive para otros solo terminará sabiendo pedir o, peor todavía, exigir… Créeme, he sido ese ser.  

Así que la tarea es y debe seguir siendo

Lista de los sueños que has conseguido (para que veas todo lo que has logrado), los que has conseguido a medias (para que hagas las pases con los que debes dejar así y dejar ir) y los que están en “top priority” en la lista por conseguir (para saber en dónde toca enfocarse).


¡Suelta el miedo a saber quién eres, a saber qué quieres, y aprende a saber qué puedes! Convierte tu mundo en algo más parecido al que sueñas…

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Sin amarte no hay amor que aguante

Photo Dec 17, 10 54 12 AM

—Mira hacia dentro —dijo mi mente.

—Shhht… —dijo mi corazón.

—Don’t shhht me! ¡Qué mires hacia dentro te digo! —insistió mi mente.

—¡No quiero! —respondió mi corazón.

—Pero toca, amigo, ¡nos tienes jodidos a ambos! —resongó mi mente.

—¡Peor es la otra opción! —le gritó mi corazón.

—¿Cuál?… ¿Ser honestos con lo que nos hace feliz?, ¿los que nos hace despertar agradecidos? —exasperada mi mente le gritó de vuelta.

—Yo despierto agradecido cada mañana de amar a una familia —susurró con rabia mi corazón.

—¿A qué precio? —le preguntó tajante mi mente.

—¡Shhhh! —casi en lágrimas insistió mi corazón.

Amar, familia, casa, planes… 

Todo eso había pero “yo”, ¡no! De eso ya poco quedaba y, por lo tanto, poco también de lo otro. De pronto miraba al espejo y era sólo una sombra, una silueta de mí, pero sin consistencia. Cómo llegué aquí es una historia que no viene al caso. Lo importante es que perderse no es atractivo ni para uno mismo.

 

Por más que despertara cada mañana y tratara de colorearme de vuelta, el papel escupía los colores de cera que pertenecían a la casa, pero no a mí. No eran los que le gustaba a mi papel, y los míos los había extraviado en alguna gaveta llena de otras cosas propias que tampoco lograba encontrar. Términos medios que nunca llegaban a ser mitad, sino tres cuartas partes. Un constante intento de adaptación, un nado incasable por llegar a una orilla, ¡la que fuese!, pero a una orilla donde poder respirar, donde poder bajarme de la bola de hámster, donde corría sin parar, sin saber exactamente a dónde ni por qué. Con el látigo en mi mano, me dije:

 

—¡Yo me traje hasta aquí, yo me saco de aquí! ¡Yo puedo ser todo eso y más, ya verás!

 

Y otro día más transcurría siendo quien no era y como disco rayado me repetía: «tú puedes serlo, con tan solo un poco más de paciencia», pero no fue así. El abismo solo se hacía más profundo con cada intento. Hasta que un día el arte me sacó de mi jaula perfecta y me llevó de vuelta al nido. Desde allí pude mirar todo desde fuera, con el recuerdo de quien había dejado atrás en esa tierra de agua salada; quizás a través de los ojos de otros, quizás un poco también con los míos, pero finalmente miré.

 

Podría haber seguido, insistido, peleado por un poco más de tiempo, a ver si lograba callar para siempre mis carencias, enterrar mis maneras, dominar mis demonios, y vivir austera de lo mío, pero “plena” de lo otro. Y de pronto, como chapuzón de agua fría, me di cuenta de que ni eso ya había; en este punto, lo otro también había sucumbido al abismo, austero de amor y lleno de miedo.

Le rogué a Dios que por una vez me hablara claramente

Sin señales, ni acertijos, sino así, concreto, como una aparición. Que alguien llegara y me dijera tres cosas que me dieran luz, que me iluminaran el sendero correcto. Yo estaba paralizada, tenía tanto miedo de otro error, de decidir al revés; había comprobado, para mi pesar, mi poco juicio al hacerlo. Y, señores, ¡llegó! Dios llegó a hablarme en la forma de un total desconocido, alguien que jamás había ni visto ni escuchado, ni siquiera por terceros hasta ese día. Después de desahogarme por un momento, mi querido desconocido se tomó el atrevimiento de dar un consejo que no le había pedido.

—¿Por qué no te tomas un par de meses para ti? —me aconsejó el desconocido.

—Porque es irresponsable —le respondí.

—¿Y no es más irresponsable seguir en la rueda del hámster sin pensar ni sentir, usando los pocos recursos que te quedan, económicos y emocionales, en lo que no te va a dar frutos, porque no tienes fuerzas de seguir sembrando? Cuando el agua vuelva a la calma, lo que ha de venir, vendrá. Invierte tu capital en un negocio que dé ganancias. ¿Qué tal en ti? —me dijo sonriente mientras veía al mar.

Llegué a casa con una paz que no había sentido en días, qué digo, ¡en meses! Supe, sin dudarlo, que Dios me había hablado. Sí, él nos habla si estamos atentos; él busca la manera si de verdad lo queremos. Reconocemos que es su voz, porque nos vuelve el alma al cuerpo, y sentimos de nuevo paz dentro de todo nuestro caos. Desde ese instante, no tomé ni una de las decisiones que vinieron por mí misma. Me gustaría darme todo el crédito, pero no fue así.

A veces uno necesita una ayudita para navegar la carretera de la vida, así que él y yo nos turnamos el volante por unos días. Y con su guía, terminé en el camino hacia mí misma. Angustiada de que fuese muy tarde y no me escuchara, grité: «¡Mí misma, espera!, ¡Ya llego al rescate!», y me aventé a la carretera 66, pero rodando en dirección contraria a la mayoría. Es tradición que los aventureros vayan del este al oeste en busca de oro, pero hoy yo voy west to east, ¡soñando con cocos!

En esa mañana de hasta luegos, me despidieron quienes menos lo esperaba. Mi amiga Fanny, que por alguna razón insistió en decirme adiós, desayunar conmigo, cuando jamás lo habíamos hecho. Se apareció con las palabras adecuadas, comió arepas, y, como vino, se fue, quizá como otra mensajera del universo. Y luego María llegó. ¡Ay, María! ¡Qué sabia es María! Abrió la puerta, miró todas mis maletas y, como quien siempre lo había esperado, me dijo con cara seria, tres cosas que llegaron con precisión de láser directo a mi alma, para luego seguir con sus quehaceres, como si sus palabras no hubiesen pasado de “buenos días señorita”. Me abrazó al partir, como sólo lo hacen las madres, y me remontó las fuerzas, porque de pronto las mías se habían escondido.

—¿Qué estás haciendo? —me pillé pensando en voz alta. Quizás deberías esperar, decir adiós, esas cosas que siempre dices, son de adultos, ¿no? ¡No! —callé a esa voz irreverente. A veces el silencio es la mejor estrategia para la felicidad, hasta la mutua. A veces los adioses son innecesarios. Así que salí y, sin pensarlo más, me monté en mi Fiat. Frijolito se quejaba sin parar:

—¡Hey! Yo soy un deportivo, no un pick up truck, ¡me tienes lleno de peroles!

—Shhht, Frijolito, te va a gustar la aventura, y en lo que lleguemos serás de nuevo un deportivo. Te mandaré al spa, ¡te lo prometo! —dudoso y callado, asintió.

—Let’s go then! —dije. Arizona, here we go!

Las vías abrieron paso, ni siquiera el tráfico retrasó mi llegada. Pasamos por Palm Springs y esos molinos de viento que siempre me hacen pensar en la llegada de Don Quijote… Pero hoy yo no era Dulcinea, hoy yo era Don Quijote, y peleaba mis molinos sola. Sí, ¡sola!, pero conmigo. Por primera vez en tres años conmigo, musicalizando el momento con country music por todo el camino, mi música, y tan sólo mi música.

Las montañas rocosas, el calor infernal, el teleférico la moda vintage mid-century y esos molinos de viento son los sellos de esa ciudad que lastimosamente hoy no tenía cabida en mi ruta. Unos minutos después, pasé el letrero de Joshua Tree y una cascada de emociones me zarandearon. Maravillosos momentos de cuando el west aún no estaba como dirección en el registro del DMV de Frijolito. Cuando era sólo un lugar que visitaba de nuevo después de mucho tiempo, como celebración sustituta de mi gran e importante cumpleaños. Así, sin más, ponía a un lado mi plan original para tan grande ocasión: un viaje a Bali que venía preparando por cuatro años, pero que hoy abandonaba por disfrutar el momento al lado de un nuevo amor, mucho más importante que cualquier plan conmigo misma, pensé.

El primer error de muchos que cometería

Aunque eso suene muy romántico (y lo fue), hoy puedo contar esa decisión como el primer error de muchos que cometería. Mi primera traición a mí misma. Error que pretendí cobrárselo al otro pero que en realidad fue sólo mío, así, sin más, sin más culpables que yo. Cuántas veces renuncié a mí por nosotros, cuando el “nosotros” no estaba del todo consumido. Traiciones que uno paga caro, y sin manera de culpar a nadie más. Simplemente me di cuenta de que ya hacía mucho que no me amaba a mí, y sin eso, amar nunca sería suficiente.  Subí la música y seguí de largo, pensando en esa primera semilla que sembré para abrirle paso a esta ruta que hoy tomo. Porque a veces hay que perderse para encontrase, como me diría una hermosa india americana en los días que estaban por venir. La magia de Joshua Tree no estaba escrita tampoco en mi ruta de hoy.

​​

La carretera casi mía me regaló una gama de cielos inconcebibles. Una parada aquí y otra allá para una foto, porque así lo quería, sin horario ni fecha en el calendario. Eso es lo maravilloso de andar solo: haces as you wish! Finalmente, después de cinco horas de carretera, fotos, música, llanto, risas y recuerdos:

 

Your destination is on your left! —dijo Waze.

 

Llegué a Yuma, Arizona, y me recibió Mia con una mesa lista para cenar, dejándome saber que todo estaba bien, que familia había en toda casa donde estaba un amigo y que, por hoy, ¡había llegado a casa! Dos noches en que pensé que serían vividas en un lugar sin encanto, más allá del amor de mi querida amiga, se convirtieron en cinco noches maravillosas de descubrimientos incompletos, dejándome razones para volver allí y explorar. Yuma me dio la primera lección de mi viaje: no hay lugares sin encanto y cada rincón de esta tierra, como cada persona de este mundo, tiene un regalo, una historia, y una magia que compartir.

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Acción de Gracias posfechadas

Monochrome Skater Photo Collage

¿Qué importancia le das a tu agua caliente o, incluso, al agua que sale por tu grifo todos los días? Lo más seguro es que, como el común denominador de las personas del mundo desarrollado, ni te has parado en pensar lo afortunado que eres por esta maravilla de la ingeniería, el capitalismo, y el buen karma tuyo de haber nacido en un lugar donde el agua en tu ducha no es un privilegio sino algo que simplemente sale al abrir una llave. Sin embargo, cuánta gente en el mundo tiene que hacer maniobras para disfrutar de algo que para ti es tan básico.

Es precisamente una historia de agua caliente la que a mí me hizo entender…

¡No!… entender no, porque el entendimiento viene de la lógica… Más bien ¡sentir en la piel y los huesos!, que es donde se graban las memorias eternas, lo que de verdad es la gratitud. Gracias a Dios no tuve que perder el pelo con quimioterapia, o perder a mi madre, para aprender esa lección que a otros les llega de maneras mucho más rudas que a mí. Por suerte (y trabajo), mi conciencia había alcanzado un nivel lo suficientemente maduro como para que solo fuera la “posibilidad”―porque nunca se convirtió en realidad― de que en un momento me quedara homeless y pudiera perder el privilegio de bañarme a diario ¡y con agua caliente!

En una separación de esas algo complicadas terminé con esa posibilidad en mis narices: tener que irme a vivir a un espacio creativo que tenía en aquel entonces en Los Ángeles, en un lado no tan seguro de la ciudad, donde no había ducha. Por alguna extraña razón que se parecía mucho a falta de amigos sólidos, en una ciudad de esas donde es difícil tenerlos, me quedaba en la calle sin tener demasiadas puertas abriéndose para mí (o eso parecía). El solo hecho de pensar que mi suerte sería un colchón inflable en una oficina por falta de amigos de verdad, ya me tenía llorando por las esquinas, pero no tener agua caliente para ducharme… ¡eso sí logro alborotar mi cerebro (y mis miedos) lo suficiente para que cada vez que entrara a una ducha temporal ―pensando que quizá esa sería la última oportunidad que tendría de lavar mi maraña de rizos mientras se empañaba el espejo de vapor― llorara de alegría por mi increíble suerte! Fue con este miedo, al parecer tan banal, como por arte de magia comencé a agradecer cada pequeño milagro que pasaba día a día, empezando con mi agua caliente que nunca me dejó… y la cama inflable que nunca tuve que usar. Fue el agradecer lo que me enfocó en todo lo que tenía en lugar en todo lo que estaba perdiendo, fue el agradecer lo que hizo que mi depresión no me consumiera y así pudiera mantener fuerzas de levantarme y caminar una vez más.

Agradecer para ver aparecer milagros

El agradecer me mostró que los milagros, cuando uno está atento, ¡existen!: una amistad inesperada que apenas comenzaba a formarse me salvó de mi “peor pesadilla” al mandar (y pagar) a su fontanero a arreglar la ducha en la oficina y agregar un diminuto calentador que duraría lo justo para una ducha rápida, pero tendría como hacerlo en caso de que esa fuese mi única opción. Así mismo, la puerta menos pensada abrió para alojarme por mucho más tiempo del que nunca hubiese imaginado, con cama, mucha agua caliente pero, sobre todo, mucho amor, que es lo que en esos momentos de colapso mundial uno más necesita.

No me tuve que quedar totalmente homeless, ni perder mi salud, ni estar en bancarrota oficial para voltear y darme cuenta cómo aquellas cosas que damos por sentadas y personas por las que nunca apostaríamos terminan siendo las que se van o se las que se quedan. Con cada «gracias» que daba a lo más pequeño veía cómo se repetía una y otra vez el milagro de los peces y el pan, así que simplemente GRACIAS se convirtió en mi mantra para usar con mi mala. ¿Pero cuántos de nosotros solo despierta cuando ve su vida solo colgando de un hilo?

Y entonces se hizo el Thanks Giving

Ayer en Estados Unidos se celebró el día más lindo de ese también mi país, El Día de Acción de Gracias ―AKA Thanks Giving―, el cual empezó de manera hermosa cuando los primeros peregrinos que llegaron de Inglaterra fueron capaces de sobrevivir el invierno gracias a la ayuda que los nativos le dieron, enseñándolos a sembrar y cosechar lo que se daba en ese extraño país. SÍ, también es verdad que la historia se volvió fea y sangrienta, pero hoy quisiera concentrarme en la parte bonita, que de sangre y lágrimas ya tenemos muchas anécdotas en el mundo.

Por eso hoy quiero tomar este espacio y momento para dar las gracias, primero que todo, a mi mamá, quien tuvo la brillante idea de aceptarme como hija; sin ella este camino recorrido no existiría. No era su labor decir que sí a mi propuesta de usarla como trampolín para volver a este mundo, pero a pesar de no serlo, y de no tener la situación más amena para ser mamá, dijo sí, y hasta hoy sigue diciéndolo una y otra vez. Y ella siempre se lleva las gracias eternas porque su existencia hace mi vida más segura y sólida.

Sin embargo, en este momento de mi vida mi mayor fortuna no viene de la ducha caliente, sino de la gente maravillosa que me rodea, y lo que esta tribu me ha ayudado hacer de mi vida. Así que mis gracias este año van a TODO mi equipo de Lilith’s Travel, a ellos les doy las GRACIAS infinitas porque mis días no serían ni la mitad de feliz sin ellos. Cada uno con su talento, entusiasmo y pasión por lo que hacen y por amor, respeto y fe en mi misión que dejó de ser “mía” para ser nuestra, hacen posible lo que hoy hemos logrado.

La Tribu Lilith’s es mucho más grande de lo que se imaginan, porque toma toda una vida criar un hijo… y mucho más materializar un sueño. La Tribu no son sólo los que hoy siguen día a día tallando el camino, sino todos los que lo comenzaron a mi lado desde que solo era árboles y selva, aunque ya no estén; es cada uno que puso, ha puesto y sigue poniendo su semilla, la que yo sigo abonando y atesorando profundamente. ¡Por eso quisiera en su honor dejarles aquí plasmado todo el amor y la gratitud que les puedo tener por ser todos los padres y las madres de este maravilloso bebé que ya no gatea, sino camina! Dando tumbos quizá, o quizá camina algo torcido, pero que sin duda ya dejó la andadera y ahora se para en sus dos pies.

Quizá esto sea largo y como no ves tu nombre sientas que no te incumbe, pero espero que saques algo de esto. Le doy las gracias a cada uno porque es mentira que “uno sabe”… Uno ¡NO sabe! lo que vale en la vida de otro al menos que el otro lo diga, así que hoy o mañana o siempre escribe a todos los que son importantes en alguna parte de tu vida y dale las gracias por lo que son para ti, porque sin ellos tu vida no sería la misma.

El muro Lilith’s de los agradecimientos

Aquí el muro Lilith’s de los agradecimientos en orden de aparición (sin apellidos por eso de la privacidad). Quizá algunos de ellos nunca se enterarán de este sentimiento profundo que tengo para con ellos, pero el Universo se lo susurrará cuando más lo necesiten:

  1. Soraya: por ponerme claro el camino cada vez que se oscurece.
  2. Martin: por haber invertido tu tiempo, tus consejos, tu amor, tu amistad, tu fe y confianza, tu dinero, y tus conocimientos en mí.
  3. Lectoras: a cada una de mis lectoras en todas mis redes porque ustedes me fueron llevando con sus comentarios, preguntas, e ideas a mi camino.
  4. Brainstorm Publicidad: por haberle dado cara a Lilith’s en todas sus variantes desde que era una esquina hasta que se montó en su moto, por haberme apoyado como compañía y como amigas por tanto tiempo, y por haber andando conmigo en épocas difíciles, siempre haciéndome creer que más era posible.
  5. Lorena: por haber sido la primera lectora e inversionista en algo que ni yo aun sabía que existiría o cómo se desarrollaría. Espero no haberte defraudado.
  6. Jennifer: por haberme dado la oportunidad de descubrir algo en mí que no sabía que tenía, y por apoyarme a crecer como ser humano y como guía sin siquiera saberlo.
  7. Jorge: ¡ay, Jorge!, por ser mi maestro de paciencia, por haber creado la primera casa de Lilith’s, por intentarlo una y otra vez, y por nunca dejarme despedirte.
  8. Princesitas: por su amistad y su guía profesional en mis primeros pasos.
  9. Geral: por soportarme (primero que todo) en una época tan difícil, y por darme una consultoría profesional tan precisa, que ella sigue siendo el corazón de Lilith’s: “el destino eres tú”.
  10. Lighe: por llegar a mi vida de chismosa un 27 de diciembre y por empeñarte en quedarte en ella sin estar ninguna de las dos muy seguras de por qué. Co-parenting ha sido un placer a tu lado. La mamá loca y la tía chiflada, una genial pareja para creer en sueños “imposibles”.
  11. MariCarmen: por escribir y escribir y siempre estar allí, lista para seguir escribiendo.
  12. Karen: por llegar en el momento preciso para ayudarnos a seguir creciendo con más orden, por limpiar la casa, por involucrarte desde el corazón, por ayudarme a ser mejor jefe, mejor compañera, mejor comunicadora y mejor persona. Por ser una muy buena institutriz de esta niña algo rebelde que te tocó mantener en el carril.
  13. Wendy: por esta segunda casa cibernética fabulosa que ahora les permite a todos conocernos.
  14. Editores: Farfan, Haider, Vicky, Lucho, Tito, por darle salida a las historias visuales de Lilith’s.
  15. Maury: por ser mucho más que solo una camarógrafa y realmente volverte una de nosotras en cada viaje y por eso puedes transmitir nuestra verdad.
  16. Yulise y Vanessa: por darle vida a la segunda etapa de Lilith’s que está por comenzar con Peras y Manzanas.
  17. Gaby C: por tus consejos para no ahogarme en un vaso de agua en este mudo de redes que solo entiendes tú.
  18. Anshu: for inspiring me to follow your steps, and embrace my place as teacher and guide, and to be proud of it.
  19. Gede, Karim, Aamir: for being my men, my friends, my partners and my right hand in your amazing countries, my trips would be so much harder without your work, love and loyalty.
  20. Rebeca: por ser tú y darme el mejor regalo de cumpleaños de la vida.
  21. Raiza: por ofrecer tu experiencia y tu apoyo para crecer.
  22. Carla: tu amor me impulsa día y noche a ser mejor, you realy make me want to be a better me, me regala un puerto que no lleva el nombre de un lugar sino de un sentimiento.
  23. Rossana: por comenzar una nueva etapa en Lilith’s a mi lado y acompañarme a explorar un nuevo lado de mí dentro de una dinámica de retiros.
  24. Ale: por apoyar la exploración de los retiros, que ahora son parte importante de este nuevo año.
  25. Miguel: porque aprendí tanto tanto contigo y de ti, que tu escuela ha hecho posible hacer gran parte de lo que hoy hago.
  26. México: porque tus mujeres me adoptaron desde el día uno y creíste en mi.
  27. Bali: por volverle la magia a mi vida, por conectarme con mi niña de nuevo y por una vez más hacerme reír.
  28. India: por seguir siendo mi gran maestro y llenarme de más y más sabiduría con cada viaje.
  29. Los Ángeles: por hacerme amar una y otra vez, y en cada amor conseguir más y más mi luz.
  30. Viajeras: a todas las 60 de ustedes (y Ricardo, mi único hombre) que se atrevieron a decir “SÍ, ME VOY”, gracias por permitirme crecer a su lado. A las más difíciles les duplico las gracias porque solo me han hecho verme mas y mas de cerca y conocer mas y mas mi valor. A las que dejaron de ser viajeras para volverse amigas, les triplico las gracias porque es con su apoyo que me mantengo firme. A las amigas y familia que se volvieron viajeras es el mayor de las medallas! Johana, Graziella, Mariana y Cucha mil gracias por estar en este camino. Y a las que de verdad este viaje les cambio la vida, es por el recuerdo de sus ojos brillantes que cuando quiero salir corriendo respiro y me quedo.

Si olvido a alguien saben que fue sin querer y seguro también a ti te doy las gracias… ¡Ah, sí! ¡A Vaca y Sari, por ser las primeras Lilith’s un 2011 sin siquiera saberlo!

¡Feliz Día de Acción de Gracias posfechado!

Ileanna

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ADVERTENCIA: problemas patéticos del primer mundo… ¡pero reales y míos!

ADVERTENCIA: problemas patéticos del primer mundo… ¡pero reales y míos!

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Empecemos con una simple pregunta: ¿qué tan difícil crees que sería pasar 5 días haciendo ¡NADA!?… Sin trabajo, sin hijos, sin cocina, sin horario, sin rutina, sin responsabilidades ni labores. Cinco días en un lugar en el que como máxima actividad tuvieras un libro, quizá algunas hojas de papel ―pero sin poderte exceder en ellas―, tomar el sol y alguna caminata. Una isla remota donde no hubiese nada que explorar o conocer más que el pequeño lugar donde te hospedas. ¡Ah! Y con muy muy escasa conectividad.

El envidiado privilegio

Esta fácil tarea puede llegar a ser mucho más complicada de lo que parece a simple vista. «¡Qué rico! ¡Estoy de vacaciones en el paraíso!»… Eso es lo que creerían debería estar diciendo si estuviera en un lugar así, ¿verdad? Y aunque, poco a poco me estoy relajando a mi buena suerte, créanlo o no, no me ha sido fácil. 

Desde que comencé con Lilith’s Travel ―y con ello a entrar en el mundo de los emprendedores nómadas― poco a poco me he venido llenando de más trabajo, más obligaciones y responsabilidades, no sólo conmigo sino ahora también con otros. Cada día que avanza y progresa la pequeña empresa, donde ahora trabajamos cinco, más y más mis espacios de ocio se han desaparecido entre planes futuros, producción de viajes, finanzas (¡iacks!), organización y reorganización, crear, buscar lazos, y bueno, todo lo que conlleva ser una emprendedora del 2020. 

Después de mi primer año en Bali, donde tuve mucho tiempo para la introspección y la creación de un nuevo rumbo de adentro hacia afuera, he pasado la mayor parte de mi tiempo entre maletas y aviones, y con gente alrededor, cosa poco normal en una mujer que creció como hija única, con una familia bastante ausente, sin pareja, sin hijos y sin perro que le ladre. 

A parte de eso, con cada viaje recibo un empujón energético para seguir trabajando en mí, para hacerlo de una manera más metódica y enfocada, de modo que pueda compartir más y mejor los “cómos y los porqués” de seguir el camino del crecimiento “espiritual” (por llamar de alguna manera esta carretera de tierra que te promete experimentar una vida más rica y profunda). Así que, entre construir un negocio, crecer yo, ayudar a otras a lo mismo e intentar tener entre viaje y lecciones una vida personal, la verdad estoy ¡AGOTADA! ¿Alguien por aquí se siente identificado?

Yo sé que muchos ven mi Instagram y juran que la vida de una “bloguera” o lo que sea que crean que soy, es muy emocionante y divertida, y sí, hasta cierto punto lo es mucho más que un trabajo de escritorio (si este no te gusta). Hasta mi mamá se ríe cuando le digo que necesito una vacación, porque desde afuera a todos les parece que vivo en una. Moraleja: deja de mirar el jardín del vecino, no sabes cuánta agua usas para mantener esa bella grama verde que tanto le envidias.

Así que, a pesar de las risas de mi madre, he pasado meses rogando por un rato de desconexión del mundo. He soñado con estar en una isla escondida con NADA qué hacer más que descansar, asolearme, leer, ¡y escribir como máxima actividad! Bali no cuenta, o por lo menos no donde vivo, porque ya está tan desarrollado como cualquier pequeña ciudad, y porque ya saben cómo es: una vez que es tu casa es tu día a día, tu cotidianidad, y ya no es vacación. Un lugar donde me lo hagan todo y yo no tenga que pensar en ¡nada! Donde no haya pasado ni futuro, como colgado en el tiempo, en las horas y los días. Un lugar donde pueda solo ¡SER!… 

¿Qué creen que pasó? Que alguien especial decidió que eso era exactamente lo que me iba a regalar: una estadía por cinco días en un resort a lo Ileanna, con un “lujo” rústico (tanto que se llama camp y no hotel, y solo tiene 11 cabañas). ¡Qué rico es que alguien te conozca, porque un verdadero resort me hubiese vuelto loca! Lo único que tiene de resort (aparte del precio) es que no sales de aquí, más que todo porque no hay NADA cerca a donde ir. Así que finalmente me dieron lo que buscaba… ¡NADA QUE HACER!… Muy bien, genial, gracias Dios por escucharme… 

Y ahora «¿qué hago con eso?»

Lo primero que me dio fue ¡pánico!  

―Mente: ¿Qué? ¿Alguien más va a preparar el plan que no sea yo? 

―Voz Superior: Respira profundo. Tú dijiste que no querías mover un dedo, ahora debes dejar que otro lo haga, porque sí, otros son tan o más capaces que tú para crear una experiencia. Deja de ser controladora y deja que te sorprenda. Y me haces el favor de ser agradecida, practica humildad, lo que te den a eso ponle buena cara… o buena onda, como te diría ella. 

―Mente: Ya, perfecto, pero es que está envuelta en la historia la palabra RESORT, all included, y eso además de darme comezón, va contras mis principios morales y éticos.

―Voz Superior: Ay, ya. Deja el drama. Tú pones a todo el mundo a experimentar cosas nuevas, tú puedes hacerlo también. Tirarte de parapente no es extremo para ti, la palabra resort lo es, así que calla y ve.

―Mente: Pero no hay casi Internet. Yo tengo que trabajar, sólo hay electricidad a ciertas horas del día, yo tengo que escribir, además tengo que comer a las horas de la comida no cuando yo quiera… Yo, yo, yo. 

―Voz Superior: Yo, yo, yo, yo. ¡Basta ya, pues! Tú querías hacer nada, pues ahora lo puedes hacer. Tú le dices a todos que tomen tiempo para sí mismas, pues haz lo que pregonas.

―Mente: ¿Perdón? ¡Yo hago lo que pregono! O se te olvida que acabo de llegar de 15 días de encierro en un ashram estudiando.

―Voz Superior: Y muy bien hecho, pero eso es hacer, y mucho, ahora te toca no hacer, te toca ser.

La cárcel de oro

Entré a este paraíso de caleta en el medio de la nada, después de un viaje de avión de 30min desde Bali y otro de carretera de hora y media, con la última media hora de camino de tierra. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que entraba en mi “cárcel” de oro. Lo primero que sentí fue sed y calor porque parecía un desierto a medio día.

Llegué al cuarto, dejé todo y ya estaba peleando por dentro (y por fuera) ¿por qué todo estaba tan seco? Este desierto nada tenía qué ver con el verde de la foto que nos habían vendido. Peleaba porque no podía ordenar sino de un par de selecciones de comida, porque no había cerveza fría, porque ¿cómo me iban a tener en un lugar donde no hay nada cerca, sin electricidad en horas del día? Y no sé por cuánta otra cosa más me quejé.

Me puse de mal humor mientras mi compañera se reía de mí. «Querías hacer nada, ¿verdad? Pues listo, eso es lo que vamos a hacer, así que respira que vas a estar bien”. Yo caminaba cual león enjaulado en mi cabaña de ensueño frente al mar. Hasta que en un segundo de lucidez me di cuenta de que simplemente estaba teniendo algo así como un ataque de pánico, como un withdrawal (abstinencia) del Hacer para pasar al Ser, y comencé a tener algo de compasión por mí misma.

Y pasó lo que tenía que pasar y duró lo que tenía que durar

Esto no duró unas horas, este proceso de descompresión duró ¡dos días! No tenía energía, no podía enfocarme ni siquiera en disfrutar plenamente del lugar, o inspirarme a leer, o meditar, o hacer yoga, mucho menos escribir, o algo de lo que había planeado en mi cabeza que haría el día que tuviera este espacio para mí. Estaba en modo congelada sin saber por dónde empezar en esta nueva experiencia de retiro, donde tú eres la única que diseña tu experiencia, sin maestro que te diga por dónde ir o caminar, sin nada agendado o mapeado porque eres la única conductora de tu barco. 

«¿Qué quieres hacer con esta oportunidad?», me preguntó mi voz superior: «quizá de verdad sólo contemplar el mar sería una buena decisión», respondió mi mente. Y así pasé muchas de las horas de mis dos primeros días, contemplando la vista más impresionante del mar más turquesa que jamás vi. Para colmo, mi compañera se enfermó, así que hasta ella me había abandonado en el cruce de este océano de emociones.

Y sí, ya lo sé, no crean que estoy ciega a que estos son problemas ridículos del primer mundo, que hay gente con problemas realmente serios, e incluso que yo he tenido problemas muchos más serios que esto en mi vida, pero desde que vivo en el mundo con curiosidad todo lo que me pasa, y me mueve, pequeño o grande, me hace pensar. Cuando vives con curiosidad, todas estas curvas inesperadas de tu ser te causan intriga, y cada experiencia deja de pasar sin pena ni gloria para convertirse en una oportunidad de exploración.

Y la moraleja de todo esto es…

La primera cosa que me viene a la cabeza es: cuidado con lo que deseas, capaz se cumpla y cuando llegue no sepas qué hacer con eso, ¡así que está lista! 

Segundo: qué increíblemente difícil es hacer nada y sentir que no hay a dónde ir. Pasamos tanto tiempo en el “go go, do do” que sólo contemplar es el mayor de los retos. Tanto tiempo consumido para sentirme medianamente cómoda y sin ansiedad, para asimilar que este paraíso no era una cárcel, que tener que comer dentro de un horario no era tan dramático. Que vivir con el arrullo de las olas día y noche es un regalo que hay que absorber como el aire que respiramos, que ver una cala imponente frente a mí es algo que no sé cuándo volveré a tener, que el seco campamento es un impresionante logro en el medio de esta nada, tan llena de vida.

Me acostumbré a los horarios y a Misro, el chico que trabaja en el restaurant que hace TODO para hacernos sonreír. Comencé a conversar con los muchachos del hotel sobre sus vidas musulmanas y me enteré de que, según el Corán, no pueden tener perros en casa y que mueren por tener uno. Me enteré, además, de que Lombok es la hermana de Bali pero de otra madre, que mientras en Bali el 95% son hindúes, en Lombok el 95% son musulmanes (léase y entiéndase musulmanes no radicales, no Islam). Que la lengua local es el sasak en lugar del balinés, y que el bahasa indonés lo hablan sólo con los de otras islas. Que únicamente el 25% de la población sabe leer o escribir. Que la famosa Pink Beach ya no es tan pink, y que hay tres de ellas (y comprobé que ninguna muy rosa). Me contaron que este hermoso hotel es de un tejano viviendo en Indonesia y que, mientras yo me gasto una cantidad de dinero que ni en sueños ellos pueden tener, Li muere por ir a la universidad para ser maestro y no tiene los recursos para hacerlo. 

Misro me compartió su emoción de que de vigilante pasó a mesero y cómo eso ha sido un gran logro que lo hace feliz porque ahora practica su inglés con la gente y puede compartir. Me regala de su tiempo libre para ir a las 5am a buscarme un pescado en el mercado que costó seguramente la mitad de su salario, y lo hizo con la sonrisa más grande. Me quedo con el corazón arrugado de haberle ofrecido a una jovencita mis sandalias porque la vi descalza quemándose los pies, y la vergüenza no le permitió recibirlas por mucho que los chicos le decían que solo tenía que decir gracias. Salí del cocoon y pude apreciar mi gran fortuna. Fue allí cuando la magia del apreciar volvió a mí y la cárcel se volvió lo que siempre fue: el infinito.    

Me he dado cuenta de que hasta en la vida espiritual te vuelves un ¡human doer! Vete al ashram, estudia, medita, haz yoga, busca a tu maestro, aprende a estar, contemplar, hacer nada, haz y haz algo para encontrarte; y resulta que de ella también necesitas un descanso. Entonces me pregunto, ¿es de verdad posible esto de solo ser? Mi respuesta hoy es: solo por momentos… Aprender a meter momentos de “ser” en nuestra vida es tan importante como los de conseguir logros sean físicos y hasta espirituales, de hecho, solo ser es un gran logro. Ya a un día de partir, como sabía que sucedería, me quedo con las ganas de más tiempo para ser. ¡Tomó el tiempo que tenía que tomar bajar las revoluciones para finalmente apreciar este paraíso llamado Lombok!

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El yoga: Qué es y cómo empezar

Ileanna instructora de yoga

La gente me pregunta con frecuencia qué es el yoga. ¿Es arte, ciencia, religión, deporte, filosofía? Mi respuesta es que el yoga, como me enseñó el maestro B.K.S Iyensar, no es ninguna de esas cosas en particular y al mismo tiempo es una combinación de todas: es el camino que lleva al ser humano del plano corporal hacia la realización del sí-mismo. Simple y sencillo, ¿no?

¿Qué es el yoga?

– El yoga, como conocimiento subjetivo, es arte: expresa el ser interior del practicante refinando su cuerpo, consciencia y sí-mismo.

– Como ciencia, el yoga nos ayuda a conocernos a nosotros mismos a través de pruebas, experimentos, experiencias y observaciones: nos hace conocer lo que somos y cuáles son nuestros límites.

– Como religión, el yoga cuenta con códigos morales universales: no violencia de acción, palabra y pensamiento (ahimsa), veracidad (satya), no apropiación indebida (asteya), celibato (brahmacarya) y no poseer más allá de lo necesario (aparigraha).

– Como filosofía, el yoga trata sobre las nociones de una vida honrada. La filosofía Vedanta, el libro más importante de la filosofía del yoga junto a los Sutras, muestra los medios para alcanzar el estado más elevado de la propia condición de vida: comprender que nunca nos encontraremos con la divinidad porque nosotros ya lo somos.

…Por lo tanto, el yoga es la unión de mente, alma y cuerpo, y para lograr eso hay mucho trabajo que hacer. ¿Cómo empezar y por dónde? Ya te cuento.

Recomendaciones para empezar a practicar yoga

El yoga no es sólo para los yoguis… ¡es para todo aquel que quiera conocerse mejor! Si estás pensando en adentrarte en este camino, pero por una u otra cosa aún no te atreves, no le sigas dando vueltas al asunto. Aquí mis consejos más simples y honestos para que des tus primeros pasos de yoga:

  1. Infórmate sobre el estilo

Hay varios tipos de yoga y para todo tipo de gustos: Hatha, Vinyasa, Bikram, Ashtanga, Nidra, Kundalini y más recientemente podrás encontrar hasta ¡Beer yoga y Wine yoga! Es importante saber cuál es el estilo de la clase que estás por tomar para saber qué tanto esfuerzo requiere, si es a temperatura ambiente o en un ambiente caliente, si es meditación, posturas o ambas, etc. Te sugiero que te informes por si tienes alguna condición (como hipertensión, embarazo o lesiones) y es muy recomendable que le hagas saber al instructor que es tu primera clase y si presentas alguna lesión o condición pre existente.

  1. Lo que debes llevar

¡Ropa cómoda! No necesitas los yoga pants más caros de Amazon ni hacer un shopping run a Target o Walmart. Unos leggins cómodos, un yoga pant (si lo tienes), o un pantalón deportivo que te acomode (se sugiere que sea ropa ajustada porque permite que el profesor observe si estás bien alineada y estás haciendo bien la postura y de esa manera corregir o modificar, si es necesario). Si no tienes tapete, muchos estudios de yoga tienen adicionales, procura preguntarlo con anterioridad… ¡No olvides llevar agua! Mantenerse hidratada es importante, sobre todo para las articulaciones. En algunas clases hay pausas para tomar agua y te va a caer súper ese pequeño sorbo. Y lo más importante: ¡buena actitud!

  1. Calma tu mente

Pfff… ¡lo más difícil del mundo! Deja de pensar qué vas a hacer llegando a casa, si tienes mensajes en el móvil, si tienes que ir al mercado o si olvidaste comprar bananas. Por el tiempo que dure la clase, nada de eso importa. Deja tus problemas y preocupaciones fuera del tapete. Disfruta esos momentos en los que no tienes que pensar o esforzarte más que en respirar y en lo que está pasando en tu cuerpo y en tu mat.

  1. No compitas

Es posible que veas a alguien parado de cabeza, doblándose como contorsionista del Cirque du Soleil mientras tú, con mucho trabajo, llegas a tocar los dedos de los pies con los dedos de las manos… ¡Que no te importe! Esa es una de las maravillas del yoga. No necesitas ser atleta, tener condición física o competir por ser el mejor de la clase; cada quien hace lo que puede conociendo los límites de su cuerpo. Vas a ver que, poco a poco y con la práctica, podrás hacer posturas que nunca creíste posibles.

  1. Disfruta el silencio

La clase de yoga no es el momento para echar chismes: eso lo puedes hacer antes o después. Respeta tu práctica y la de los demás; escucha tu respiración y, sobre todo, escucha a tu cuerpo. Si tienes dudas es válido preguntar, pero la clase no es el momento para platicar algo chistoso que te sucedió o contar chistes como cuando estás en la caminadora del gimnasio. A lo mejor te suena un poco radical (tampoco se trata de que estés muda) pero si estás relajada y en silencio, tu experiencia será mucho más placentera.

  1. Cero miedo al ridículo

Si pierdes el equilibrio, no le des importancia y si sientes que estás haciendo el ridículo, te aseguro que todo está en tu mente. Deja de compararte con el contorsionista y no te rías del que no es capaz de lograr alguna postura. Concéntrate en ti, en tu cuerpo y en tu práctica; respira, llévatela con calma y no te tomes todo tan en serio. El yoga es para disfrutarse y, una vez que aprendas la dinámica de las clases y las posturas, verás cómo tu cuerpo se transforma por dentro y por fuera.

¡Atrévete a entrar en aquel estudio de yoga y disfrutar de una clase!

Practicar yoga es un proceso, un viaje continuo que te lleva a descubrir tu interior poco a poco. Como en todo, lo importante es perder el miedo y empezar… Espero que luego de leer estas pequeñas sugerencias no te sientas tan perdida y que de una vez por todas tengas ese empujoncito que te faltaba. ​