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Si hoy Cristo existiera, ¿cómo usaría las redes para la evangelización?

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Finalmente entendí el verdadero poder de las redes. ¡Si sólo Buda viviera hoy!

El resumen de un mes de pandemia y retiro “forzoso”, que para mí de forzoso tiene poco porque estar en mi casa encerrada es el mayor de los placeres, ha tenido resultados más que impredecibles para mí y más allá de una karma, se ha convertido en dharma, porque dentro de este caos he conseguido mi lugar. Y ¿tú cómo lo llevas?

Cuando un año entra desajustando al orden preconcebido por cientos de años en el mundo y se ve empeñado en cambiarnos a todos a como de lugar, nuestra primera respuesta es llorar y aturdirnos, asustarnos o colapsar. Luego unos continúan rato largo en el mismo juego, mientras otros buscan conectar con su creatividad como nunca jamás. Yo soy de las segundas.

Por mantener mi sanidad, después de cancelar todos los planes del primer semestre del año, perfectamente organizados y creados con tanto amor a mediados del año anterior – antes de que Dios se riera en mi cara y quizá en la tuya – decidí comenzar a hacer un détox emocional y compartirlo con mi Tribu en redes todas las mañanas por 15 días, para soltar cualquier quejadera o “¿por qué a mí?” que se me pudiese cruzar por la mente decir.

Esos 15 días fueron ¡magia! Como comunidad todas lloramos, perdonamos, dimos gracias, sanamos, compartimos y terminamos por lo menos un poquito mejor que como empezamos.  Como individuo descubrí o confirmé otras cosas y vi algo más claro a donde me llevarían mis próximos pasos.

¿Qué cosas descubrí? Te preguntarás y si no te lo preguntas te lo cuento igual:

1- Me encanta despertarme a las 6 AM si tengo un buen ¿para qué?
2- Me encanta compartir mis pensamientos, reflexiones y mi mucho o poco conocimiento
3- Me encanta compartirlo porque me di cuenta en estos días que aporta
4- Me encanta meditar en grupo
5- Me encanta estar en contacto directo con los que están del otro lado de esta pantalla
6- Tengo que mejorar mi relación con la tecnología

A la semana de estar meditando me pregunté: “¿Y ahora qué más? ¿Qué más puedo dar?”. Así que decidí ofrecer lo que más amo compartir en el camino de búsqueda – después de viajar con propósito – Respiración de Transformación. Ahora que el mundo había descubierto que por Zoom se podía hasta enseñar a niños de kínder, ¿por qué yo no podría compartir esto con mi tribu? ¡WOW! ¡Qué maravilloso momento! Y él también me dejó un par de cosas más:

1- Sigo sin duda teniendo que mejora mi relación con la tecnología
2- Puedo compartir esto que tanto amo con gente en diferentes países y husos horarios al mismo tiempo
3- Es raro, pero tiene su encanto especial hacerlo a distancia
4- Algo que pensé imposible, fue posible
5- Cuando piensas que todo se acaba, algo nuevo empieza

Pero lo que más me ha gustado saber de todo esto es, cuantas personas le están dando un espacio importante al camino de descubrimiento y expansión en su vida, un espacio para conectarse y conocerse a sí mismas y para entender mejor el ciclo de la vida. 34 mujeres, de todas las edades, nacionalidades, clases y colores, respiraron anoche en un domingo de Palma y en mi primera clase en vivo por Zoom, por ellas, por su familia, por sus ancestros y por el mundo.

De pronto entendí el verdadero poder de las redes, de los apps, de la globalización y me di cuenta como todas estas herramientas pueden ser el estudio, el shala o la casa perfecta para todos aquellos que han caminado un poquitito más temprano al llamado de la conexión con la Divinidad que el mundo entero ahora está sintiendo. Estos portales de unión, “juntan al hambre con las ganas de comer” como dicen en mi país, aquí el estudiante y el alumno pueden bailar juntos no importa que tan lejos estemos. Aquí el alumno puede conseguir la voz y la energía personal con la que se conecta de alma a alma para abrirse y aprender, donde el alumno consigue a su maestro para seguir estudiando, indagando y creciendo; todos alumnos, todos maestros y así un ciclo de aprendizaje, crecimiento y conciencia mundial en masas, se vuelve ¡POR FIN! una gran epidemia.

Al contrario de épocas pasadas donde se quería mantener este camino secreto y guardado sólo para algunos pocos, una élite “iluminada” que quería al pueblo en la oscuridad y la ignorancia -así lo consiguieron por miles de años- hoy el mundo nos empuja y la tecnología nos ayuda a que esta toma de conciencia de lo que somos y siempre hemos sido, sea de uso popular.

La gente se queja porque la “espiritualidad” se está poniendo de moda y el yoga y meditar y tener un terapista y un coach y un guía espiritual y hasta tu bruja personal ¿Saben qué les digo? Es la mejor moda que jamás he tenido, mucho mejor que los jeans lavados en piedra, los reebots o las insufribles Kardashians. Habrán guías, facilitadores y maestros que usen toga, otros túnicas, otros jeans, o hasta saco y corbata, cada uno con su diferente tribu, pero todos y cada uno de ellos desde su manera y trinchera sin duda sólo buscan lo mismo que yo: vivir en un mundo donde uno no quiera rezar por morir de una vez de tanta pena que ve, sino un mundo al que queramos volver una y otra vez. Un mundo donde hayan más Luke Skywalker y menos Darth Vaders. Un mundo donde la espiritualidad que se ponga de moda sea una alegría y no una vergüenza. Un mundo donde le pongamos tantas horas a aprender a ser mejores seres humanos como se lo ponemos a tener una Carrera… ¡en fin!, un mundo más celestial y menos animal (ambos lados del ser humano).

Aceptar todo esto me ha tomado ¡añooooossssss!… Pero hoy no soy quien era hace 2 décadas, cosa que me comprueba que todo ser humano que realmente lo quiera SÍ puede cambiar. La espiritualidad no está en ser perfecto, beato, no reír ni disfrutar el placer, ni siquiera está en dejar todos tus bienes materiales (aunque ayuda hacerlo por periodos de tiempo para que te des cuenta de cuán feliz puedes ser sin ellos… sobre todo cuando es por elección).

La espiritualidad es, o por lo menos para mí, una ciencia, crear teorías y hacer pruebas para comprobar su veracidad o no. Experimentar de todo hasta conseguir tu propio método o vacuna. La espiritualidad es ser curioso con la vida y con los otros, pero sobre todo ser curioso de ti mismo y tu poder de volver a ser la luz de donde viniste. La espiritualidad es trabajo, es estudio y es práctica. No es incienso y mirra, o irte a un lugar hermoso a guardar silencio en bata de seda, sino es despojarte de tu mentalidad pequeña y limitante para ser la imagen y semejanza de ese que llamamos Dios.

Otra cosa fundamental que aprendí en estos primeros 15 días de retiro fue que ¡soy EXPERTA en crisis! Aún no sé si eso es buena o mala publicidad, pero la realidad es que en mis 45 años, he pasado por tantas de ellas, fuertes y livianas y por tanta reinvención que ya finalmente creo que tengo la técnica afinada para levantarme rápido y seguir andando en épocas de caos. Ver cómo algo que creíamos malo termina siendo una bendición. Por eso cada día estoy más segura de que mi camino es ese y es llevarme de la mano a cuanta persona quiera andar el camino conmigo, porque una tribu en la cueva siempre es más divertida que tu solito en ella.

Si hoy Cristo existiera, ¿cómo usaría las redes para la evangelización?

 

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2 comentarios

Excelente👏 Me gusta lo que expresas de manera tan fresca, sencillo y la vez tan profundo en esta publicación. Gracias 💞✨

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